Dos frases se me quedaron grabadas desde que comencé este camino emprendedor hace tres años:
"Tu herida es tu nicho" y "Uno enseña lo que tiene que aprender".
Con el tiempo, les encontré un sentido profundo.
Hace unos años me enojé con mi cuerpo. Dejé de confiar en él. Me convencí de que era incapaz de sostener un embarazo.
Lo viví una vez en 2022. Lo volví a vivir en 2023.
Y así funcionan las creencias limitantes: me convencí de que si me pasó una vez, me iba a volver a pasar.
Y lo peor es que confirmé esa creencia con la experiencia.
Ya estaba instalada en mi mente. Yo sabía que no podía.
Lo sufría. Esperaba a hacerme estudios para “autorizarme” a seguir intentando, por miedo a que me volviera a pasar.
No me juzgo. Hice lo que pude con lo que tenía en ese momento.
Pero un día, me dije a mí misma:
“Soledad, no podés seguir ayudando a otras personas a desbloquear sus creencias si no lo aplicás en vos misma.”
Y empecé.
De a poco, empecé a buscar herramientas para trabajar esos pensamientos tan grabados en mí.
Y pensé: Si yo cambio, entonces la situación ya no es la misma. Entonces no tiene por qué repetirse lo mismo.
El cambio es una constante, aunque muchas veces lo neguemos.
Hablé con amigas, colegas, compañeras.
Junté información, probé caminos.
Hice una dieta basada en medicina china, empecé a moverme más, a nutrirme mejor.
Pero no solo hablo de alimentación, hablo también de energía: empecé a cuidar lo que consumía, lo que escuchaba, lo que decía, con quién compartía mi tiempo.
Trabajé muchísimo en lo emocional.
Y sí bien nada es garantía de nada,
hoy, mi realidad cambió.
Lo que era un sueño, hoy lo tengo en mis brazos.
Pero más allá del resultado, lo único seguro es que, si yo seguía como estaba, Luka nunca iba a ser una posibilidad real.
Lo demás… es el Universo trayéndonos lo que nos toca vivir.
De eso se trata: de trabajar lo que nos toca trabajar.
De revisar nuestras creencias, de transformar la mirada.
Y también de aceptar y entregarnos. Porque el control es una ilusión.
No somos lo que nos pasa. Somos lo que hacemos con lo que nos pasa.
Y ahí, en ese lugar, está nuestro verdadero poder.